Leyes de Indias sobre el Correo en América
LIBRO III, TIT. XVI, LEY VII

Don Felipe II, en Burgos, a 14 de septiembre de 1592.

Habiendo sido informado que algunos Ministros de las Indias han tomado, abierto y detenido las cartas, pliegos y despachos, que se nos enviaban y los que pertenecían a personas particulares, y pasaban de unas partes a otras, y que por esta causa no hemos sido informado de muchas cosas tocantes al servicio de Dios nuestro Señor, buen gobierno y administración de justicia, y nuestros vasallos han recibido mucho daño, manifestándose sus secretos, de que atemorizados no osan, ni se atreven a escribir, recelando que de ello se les puedan seguir inconvenientes; y reconociendo que este es el instrumento con que las gentes se comunican, y demás de ser ofensa de Dios nuestro Señor abrir las cartas, éstas han sido y son inviolables a todas las gentes, pues no puede haber comercio ni comunicación entre ellas por otra mejor disposición para que Nos seamos informados del estado, materias y accidentes de aquellas provincias, ni para que los agraviados, que no pueden venir con quejas, nos den cuenta de ellas y de necesidad necesaria o se impediría notablemente el trato y comunicación, si las cartas y pliegos no anduviesen y se pudiesen enviar libremente y sin impedimento; y conviene no dar lugar, ni permitir exceso semejante, pues demás de lo sobredicho, es opresión, violencia e inurbanidad que no se permite entre gente que vive en cristiana política. Ordenamos y mandamos que ninguna de nuestras Justicias, de cualquier grado, prerrogativa o dignidad, Prelado eclesiástico, ni personas particular eclesiástica, ni secular se atreva a abrir ni a detener las cartas, pliegos y despachos que a Nos se dirigieren a estos reinos, o de ellos a los de las Indias, ni los que se escribieren entre personas particulares, ni impidan a ningún género de persona la reciproca y secreta correspondencia por cartas y pliegos, pena de las temporalidades y extrañezas de nuestros reinos a los Prelados eclesiásticos, y a los Jueces y Justicias, cualesquier que sean, de privación perpetua e irremisible de sus oficios, y a éstos y a los demás seglares, de destierro perpetuo de las Indias, y de azotes y galeras a los que, conforme a derecho, se pudiere dar esta pena para ejemplo; y que los Virreyes tengan particular cuidado de ejecutarlo, y por ningún caso, que no sea de manifiesta sospecha de ofensa de Dios nuestro Señor o peligro de la tierra, no abra, ni detengan las cartas ni despachos, porque de lo contrario, nos tendremos por deservido y mandaremos proveer del remedio que convenga.

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