Leyes de Indias sobre el Correo en América
LIBRO III, TIT. XVI, LEY IV

La Reina Doña Juana, en Valladolid, a 14 de agosto de 1509. El Emperador D. Carlos y Doña Juana, en Vitoria, a 15 de diciembre de 1521. Don Felipe III, en Valladolid, a 10 de mayo de 1605. Don Carlos II y la Reina gobenadora.

Ordenamos que habiendo precedido las diligencias de la ley antecedente, nuestras Justicias Reales o personas de cualquier grado o dignidad que sean, no pongan embargo, ni impedimento, directa ni indirectamente, a los que quisieren venir o enviar a darnos cuenta de lo que convenga a nuestro real servicio, ni a los maestres, pilotos y marineros, que los hubieren de traer en sus navíos a estos reinos, pena de perder cualesquier mercedes, privilegios y oficios, juros y otras cosas que de Nos tengan, y todos sus bienes para nuestra cámara y fisco, y de caer en mal caso, en que desde luego los condenamos y hemos por condenados, y mandamos que se ejecute. Y porque podría suceder que importase a negocio principal disponerlo de forma que no llegase a noticia de los Virreyes, Oidores y personas poderosas, por consistir en darnos cuenta de injusticias, agravios u otras sinrazones que hubieren cometido, y deben correr con secreto. Declaramos que en estos casos no tienen obligación los interesados a dar cuenta a los Virreyes, Presidentes y Oidores. Y mandamos que no se les ponga impedimento para que acudan a Nos por el remedio que hubiere lugar de derecho, o se ejecutarán las dichas penas en los transgresores. 

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